Es este el tiempo en el que, según nos relata Vicente Oya en su artículo de Diario Jaén “Una vida en seis capítulos: Paco Baños IV” publicado por Diario Jaén el 12 de marzo de 1982, (p. 28) Baños siente la atracción del hierro y en él trabaja para dos temas ornamentales del auditorio de Jaén. Uno de ellos, inconcreto en su contorno es dinámico en el laberito de curvas en tensión. El otro representa la música sin necesidad de símbolos, ni perfiles en el muro que les sirve de fondo juega el papel de un contrapunto necesario y armónico.
El pintor linarense participa desde una posición destacada en la evolución del estatus de las Escuelas Superiores de Bellas Artes que las llevará a convertirse en Facultades universitarias dentro de un ambiente conflictivo como el que envolvió las universidades de finales de los años ’60 y principio de los ’70 del pasado siglo en España. Desde su cargo como catedrático de la de Valencia, Baños asistió en primera línea a las intensas negociaciones que condujeron al Ministro de Educación Villar Palasí y a su sucesor Julio Rodríguez a llevar el proceso adelante hasta su culminación como expone Santiago Rodríguez (Ramírez, 2012:57-61), de la Universidad Politécnica de Valencia, testigo directo de la labor de Baños en el proceso.
Su trayectoria pictórica y su evolución personal van a llevar a Baños a embarcarse en la aventura de la abstracción en cuya línea encontramos obras suyas a partir de finales de los años 50. El germen abstracto comienza a fructificar en los ambientes de las artes plásticas españolas a partir de finales de esta década entendido como una forma de romper con la estética oficialista del franquismo aprovechando la lenta, pero paulatina apertura del régimen. La mayor parte de los artistas de la época tienden a identificar “abstracción” con “modernidad” si bien esta interpretación a veces es una forma de justificar el aggiornamento de los procedimientos formales asumidos miméticamente como otra manera de hacer, como otra manera de representar la realidad mediante la estilización de la forma, la reducción del detalle, una medida de ascética sobriedad. Se trata, pues, de abstraer las formas en un pactado diálogo abstracción/figuración no ajeno a un cierto expresionismo que en el caso de Francisco Baños lo conduce a un particular itinerario pictórico llevándolo a la profunda revisión y reajuste de un peregrinaje artístico personal (Ramírez, 2012, 71-74) que mantendrá durante el resto de su vida sin perder de vista su asentado neocubismo manifestado en su obra mural, sus portentosas habilidades para el dibujo figurativo y una abstracción más profunda, más conceptual y desligada por completo de la figuración que desarrollará diacrónicamente en la forma de diferentes líneas de trabajo.
Baños inicia a finales de los años 50 del siglo XX una acentuada depuración formal que lo lleva a la simplificación de elementos y a una nueva articulación de la composición que pasa a mostrarse plenamente geométrica (Ramírez, 2012, 73) como afirma Román de la Calle. Todo esto lleva a afirmar al pintor linarense sobre el arte abstracto que “es un hecho vital, influencia de la cultura y de ola ciencia de nuestros días. Guste o no guste es una realidad del hombre ante el cosmos, en cuyas imágenes pictóricas expresa unas veces el sentimiento del espacio, con un sentido dramático, como le sucede a Klimt otros con una ordenación más matemática (Mondrián). También la imagen abstracta está directamente informada por las formas del microcosmos que la ciencia descubre” en declaraciones del propio pintor a Felipe Oya para Diario Jaén publicadas el 9 de marzo de 1982.

A partir de la segunda mitad de los ’60, Baños se sumergirá en el llamado “principio collage” que lo llevará a introducir en sus composiciones abstractas materiales variados y técnicas mixtas en una línea que no llegará a abandonar simultaneándola con otras líneas de trabajo. Su abstracción se vuelve una disolución de las formas sobre el fondo o en la reproducción de las estructuras rugosas, texturales de los propios materiales hacia finales de esta década.
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La obra de Paco Baños en la colección de su hijo Luis Baños
BIBLIOGRAFÍA
Almansa Moreno, J. M. y Martín Robles, J. M. (dir.) (2016). 50 años de artes plásticas en Jaén. Creación, medios y espacios (1960-2010). Jaén: Instituto de Estudios Giennenses, Diputación Provincial de Jaén. ISBN 978-84-92876-59-4 pp 75-79
Camacho Conde, J. A. (2006). Francisco Baños Martos, el pintor sublime de Linares. Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, (194), 15-46
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PRENSA
Aldea Bustos, M. «Inauguración del mural El Juego de Francisco Baños». Diario Jaén [Jaén], 18 de marzo de 2004, p. 49.
Aldea Bustos, M. «Los murales la Libertad y El Juego recuperan su antiguo esplendor». Diario Jaén [Jaén], 19 de marzo de 2004, p. 77.























