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Además de maestro, era artista, y tenía la rara habilidad de ser las dos cosas a un tiempo.
Con sus aciertos y errores había ido depurando un método de dibujo práctico, lógico y sintetizado hasta dar con las herramientas perfectas, fruto de su experiencia y su buen hacer. Y lo más hermoso de todo es que generosamente puso esas herramientas en nuestras manos, y mi mente y mi corazón se abrieron a un nuevo mirar y sentir que me ha acompañado desde entonces.
Hoy día, aplico su método en mis clases, percibiendo en mis alumnos el mismo asombro y la misma emoción que sentí yo en su momento.
Gracias Miguel Pérez Aguilera; gracias querido maestro por enseñarme a tocar la felicidad.

Profesora de dibujo en la Escuela de Artes Plásticas y
Superior de Diseño “Fernando Estévez” de Santa Cruz de Tenerife.























